
Bien, de nuevo aquí… de nuevo en el volcán, un bar de mala muerte donde las buenas compañías requieren una paga para su disfrute, un bar donde los maridos se esconden y encuentran su libertad, un bar donde las mujeres pueden sentir los labios de su amante… un bar, mi bar.
Esa es la señal, subo al escenario con la guitarra al hombro, es hora de dar un buen espectáculo. La noche transcurre, la luna esta llena al igual que mis instintos. Una ultima cerveza para la última canción, invito a una dama al escenario, ella es linda pero no es pura, tomo su mano la dirijo a las cuerdas de mi instrumento, ella toca, se alegra, motivada por las drogas sonríe, grita, baila, me observa… me desea. Me rodea, y un abrazo por la espalda me da calidez, pero sus manos me sorprenden, me acarician ocultas tras la guitarra; estoy atónito volteo con ella solo para descubrir sus tiernos ojos, se acerca y me besa… creo que no hay nada tierno en sus motivos, creo que no esta permitido enamorarse, esas son las reglas, después de mi actuación la seguiré a donde me quiera llevar y finalizaré el día… hasta que vuelva a entrar a este bar… a mi bar.